Ella lloraba mucho y a menudo. No lo hacía de forma ruidosa ni con amargura. Siempre lo hacía en silencio con pequeños pero profundos suspiros.
Cuando le ganaban las lagrimas solía intentar platicar sobre algo, sin importar si fuera eso que la estaba haciendo sentir triste u otro tema cotidiano, como su desayuno o sus papás.
- ¿Por qué sonríes mientras lloras? -Le preguntó
-No lo sé -Respondía ella
Frente a otras personas solo la vi llorar dos veces, la primera frente a su mamá quién respondía con comentarios fríos y desinteresados las noticias que le compartía ella acerca de su concurso de baile. Nunca entendí porque no se fué de la mesa en ese momento; Suena tonto, pero en las películas siempre lo hacen.
Relatos increíbles
domingo, 20 de enero de 2013
domingo, 30 de diciembre de 2012
Reviviendo el hábito
Iniciar un blog, en mi caso, resulta una actividad discreta hecha casi a escondidas.
Desde hace tiempo adquirí el hábito de redactar mensajes de texto o lineas extraviadas en evernote como un medio personal de escribir cosas con la certeza de que nadie las leería. ¿Para qué quiero un público en todo lo que escribo? Después de todo, en las redes sociales existen personajes que cree con el único fin de entretenerme.
Aún no estoy seguro de que quiero hacer con este blog, pero es seguro que su objetivo es reunirlo junto con los otros cinco que tiene mi cuenta, los cuales, me dió cierto temor modificar. Y es que con tanto tiempo desde que fueron editados por última vez, no dejo de pensar en todos esos detalles que les daba una identidad única e irrepetible. Afortunadamente blogger te da la oportunidad de comprar otro cuaderno que puedes agregar a tu vieja maleta sin comprometer la integridad de tus antiguos trabajos.
Por lo pronto queda asegurado que ya no me dan miedo los errores de ortografía ni las oraciones presuntuosas, escribir es un hábito de gusto y soledad, íntimo y torpemente arriesgado como salir a correr por las madrugadas o preparar el café de la mañana al tanteo de los modos ajenos.
No tengo compromisos con nadie, ni el año nuevo ni los nuevos libros leídos desde el 2010 (última vez que bloguee) ni tampoco con los deseos de complacer a un público en particular. Ya no le tengo miedo al anonimato frágil que confiere el internet.
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